Alamut

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En lugar de pasar los últimos tres días de nuestro viaje en Teheran, decidimos escaparnos al valle de Alamut, situado en el corazón de la cordillera que separa el mar caspio de la meseta iraní. Al llegar hicimos un tour en coche por el valle, donde lo más destacable fue la visita a las ruinas de la fortaleza de los hashashin, considerada inexpugnable hasta que los mongoles la redujeron a pedruscos.

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OLYMPUS DIGITAL CAMERAEstos hashashin eran una especie de ISIS de antaño. Usando la coacción y el asesinato político, llegaron a acumular una gran fortuna y extendieron su fama en el espacio y el tiempo llegando hasta la actualidad donde inspiran novelas, películas y videojuegos.

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OLYMPUS DIGITAL CAMERATras visitar la fortaleza de Alamut fuimos a dar un paseo siguiendo el caudal de un río y en seguida volvimos a casa de nuestro guía donde dormimos en la alfombra al más puro estilo iraní.

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Al día siguiente cargamos las tiendas de campaña en la mula y comenzamos el trekking por la montaña. Andamos desde el amanecer hasta las 3 de la tarde, parando una vez para comer. En todo el recorrido no nos encontramos con nadie ni vimos ningún sendero. Éramos probablemente las únicas personas en decenas de kilómetros a la redonda.

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Al poco de acampar, vimos al otro lado del río tres osos. Mehran, nuestro guía, nos indicó que nos acercásemos un poco más para verlos mejor. Sin embargo, su perro salió escopetado hacia ellos ladrando con lo que los osos dieron media vuelta y desaparecieron en la lejanía. Ahí quedo la cosa, nos olvidamos de los osos, cenamos y nos fuimos a dormir. Sin embargo, en torno a las 10 de la noche el perro comenzó a gruñir. Los osos se habían acercado al campamento, probablemente atraídos por el olor a comida y lo único que se interponía entre ellos y nuestra tienda de campaña era el perro que se tiro ladrando la mayor parte de la noche para tenerlos a raya.

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Aunque sé que los osos no atacan a las personas, fue una experiencia terrorífica. Basta con que uno entre olisqueando comida en la tienda y te encuentre a ti en su lugar para que te pegue un zarpazo y te deje tieso. No habíamos encendido ningún fuego ni teníamos nada a mano para espantarlos, salvo nuestro valiente perro al que le dimos la mitad de nuestro desayuno al día siguiente en agradecimiento.

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Tras pasar la noche en vela, no nos quedaban ya muchas ganas de seguir explorando las montañas asi que indicamos al guía que nos gustaría volver tomando la via rápida en lugar de dar más rodeos. Llegamos al punto de partida para la hora de comer y tras un buen rato de relax, tomamos carretera de nuevo hacia Teheran, desde donde tendríamos el vuelo de regreso a Londres.

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Eso fue todo sobre el Valle de Alamut. Un paraíso en la tierra para los amantes de la montaña y los espacios naturales, apenas explotados turísticamente. Con esto termino la serie de entradas sobre Irán que tanto tiempo me ha llevado compartir en el blog. Ha pasado casi un año desde nuestro viaje y ahora vivimos en Tailandia, desde donde pienso publicar cosillas de cuando en cuando y por supuesto seguir compartiendo fotografías.

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