Isfahán ¿La ciudad más bonita del mundo?

OLYMPUS DIGITAL CAMERAAnochecía en Isfahán y tras habernos pasado el día entero pateando la ciudad, tomamos un Snapp (el Uber iraní) de vuelta a casa de nuestro anfitrión de Couchsurfing. El taxista no hablaba mucho inglés pero lo suficiente para echar flores de su ciudad.

—¿Qué opinan de Isfahán? ¿Es bonita eh?

—Si, muy bonita. Llevamos un día, pero ya hemos visto lo principal: las mezquitas, las plazas, el bazar…

—Isfahán es la ciudad más bonita del mundo. ¿Han estado en Roma? ¿Qué ciudad prefieren, Isfahán o Roma?

—Mmm… Creo que me quedo con Roma.

Ania me dice en español—No le digas eso que se va a ofender!

—¿Cómo se va a ofender? Está comparando su ciudad con Roma! Roma!! —A todo esto el taxista se calla un instante, lanzándome miradas de incredulidad.

—¿De verdad? ¿Roma? ¿No Isfahán? Pero si Isfahán es la ciudad más bonita del mundo!

—¿Ha estado en Roma?

—No, solo en Isfahán.

A pesar de no conocer mundo, el hombre no podía concebir que existiera en el mundo una ciudad más hermosa que Esfahan y, como pudimos comprobar en los dos días que nos quedamos, no era un caso aislado. Los isfahanos son los iranís más orgullosos de su ciudad y la verdad es que no les faltan razones. Volviendo al taxista, intenté cambiar el tema de conversación. Craso error!

—Veo que usted lee ¿Qué esta leyendo ahora? —le pregunto indicando al libro que tenía detrás del volante.

—Ah! Esto! Esto es el Corán, la palabra verdadera de Dios!

Durante los próximos 5 minutos, el tío nos leería y nos haría repetir versos del Coran que ni entendíamos ni sabíamos pronunciar en condiciones. Todo ello, sin dejar de conducir a través de un tráfico intenso con los ojos más puestos en su sagrado libro que en la carretera. De alguna forma, los versos nos protegieron de un accidente, porque solo se puede calificar de milagro el que no nos pegáramos una hostia buena con la poca atención que el fiel taxista prestaba a la carretera.


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Isfahán es grande, pero lejos de los niveles de agobio que se puede sentir en las grandes urbes. Se trata de la tercera ciudad de Irán en numero de habitantes, en torno a 1.5 millones y está al ladito de la central nuclear que tantos observadores internacionales ha acogido para asegurarse de que no la líen.  Isfahán es una ciudad verde, con numerosos jardines y palacios; majestuosas fuentes con estatuas; plazas y bazaares espaciosos y las más alucinantes mezquitas del país. Esto no solo se reduce al centro. Los barrios de las afueras son limpios, cuentan con numerosos parques y varios centros de ocio. Creo que esta es la clave de la felicidad de sus habitantes, que no cambiarían su ciudad por ninguna del mundo (ni siquiera Roma). Sin embargo, para el visitante occidental se trata de una ciudad menos exótica que las del resto de Irán. Pasear por sus calles no dista mucho de la experiencia de pasear por las calles de Madrid o Barcelona. Una ciudad moderna construida en ladrillo y hormigón; con cafeterías hípsters por doquier, gimnasios, tiendas de moda, restaurantes de todo tipo, etc.

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Couchsurfing funciona muy bien en Isfahán. Recibimos varias invitaciones y al final nos quedamos las dos noches con el mismo anfitrión, al que llamaré Mr. X, que era un tío genial y nos acogió estupendamente. He de mencionar que Couchsurfing no es “legal” en Irán, pero nótese las comillas porque a nadie parece importarle. Es uno de los países donde es más fácil conseguir alojamiento gracias al alto sentido de hospitalidad de sus gentes y a sus ganas de conocer personas de fuera. Mientras se sea discreto, no hay ningún problema.

Al amanecer, nos dirigimos al corazón de Isfahán: la plaza de Naqsh-e Jahan. Un enorme rectángulo de jardines y fuentes, flanqueado por el bazar, dos de las principales mezquitas de la ciudad y tiendas de dulces, muchísimas tiendas de dulces. Desde su construcción a principios del siglo XVII, este es uno de los lugares favoritos de los isfahanos para hacer picnic al atardecer, cuando las temperaturas son más suaves y los colores más cálidos.

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La entrada a Masjed-e Shah
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Naqsh-e Jahan

Nos adentramos en la Mezquita de Masjed-e Shah, situada al sur de la plaza. Esta es la mezquita cuya entrada ha sido fotografiada infinidad de veces y publicada en infinidad de revistas de viajes, sin embargo lo que más nos sorprendió fue su interior. Su arquitectura y decoración me dejaron boquiabierto y se convirtió en ese instante en la mezquita más bonita que había visto en mi vida. Nos quedamos dentro una hora admirando sus bóvedas, pilares y muros, hipnotizados por los patrones geométricos de los azulejos.

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Al salir, nos dirigimos directamente a la Mezquita de Masjed-e Sheikh, cuya imagen aparece en la guía actual de la Lonely Planet. Ésta, no obstante, nos dejó un poco fríos habiendo salido de la majestuosa Masjed-e Shah. Constá de una bóveda impresionante, pero se vé en dos minutos y a otra cosa mariposa.

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Cuando estábamos abandonando Masjed-e Sheikh, un equipo de televisión se fijó en nosotros y se nos acercó.

—Hola buenas, ¿de donde son ustedes?

—Pues de Polonia y España pero vivimos en Londres.

—Ah muy bien, muy bien. —Todo sonrisas— ¿Y que opinan de Irán?

—Nos está gustando mucho. Es un país precioso y la gente es muy hospitalaria. —Ania repite unas mil veces la palabra amazing sonriendo.

—¿Qué impresión tenían de Irán antes de venir? Porque sabemos que los extranjeros piensan que es peligroso. Que hay guerra y terrorismo, pero… ¿Han visto ustedes algo de eso en su visita a Irán?

Vaya! se ve que los iranís son conscientes de que siempre que sale Irán en los medios occidentales lo hace con connotaciones negativas y generando un clima de miedo entre la audiencia. Yo contesté honestamente.

—No, nos parece un país muy seguro al que yo recomiendo viajar.

Nos dieron las gracias por nuestro tiempo y nos obsequiaron con una rosa y una figurilla de una paloma blanca antes de dirigirse a otro grupo de turistas a hacerles las mismas preguntas. Nosotros seguimos con nuestro itinerario.

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Fuimos a comer un plato típico local llamado Biryani que se trata de carne picada de oveja con tocino envuelta en pan. No entiendo por qué les gusta tanto ya que se trata de algo muy básico y pesado, pero al menos era super barato. Arrastrando nuestras panzas, caminamos durante un buen rato por el Bazar-e Bozorg donde había unas fuentes de agua que se activaban al ritmo de la música emitida en la plaza. No estaba mal el lugar, pero a estas alturas del viaje comprendimos que los bazares tienen siempre las mismas cosas y este no fue una excepción.

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Biryani

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Por último, andamos hasta el río que se hallaba completamente seco para ver dos de los puentes de piedra que lo cruzan. Es una zona muy agradable al atardecer cuando se puede ver gente paseando, cantando, dibujando o simplemente contemplando la puesta del sol.

Volvimos a casa de nuestro anfitrión de CS en el taxi con el que empecé a escribir está historia. Cenamos a lo bestia y degustamos vino casero que, aunque en Irán es ilegal, todo el mundo fermenta o conoce a alguien que fermenta y se pasan la prohibición islámica por el culo.

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A la mañana siguiente, decidimos marcharnos a Kashan relativamente temprano. Sin embargo, cuando caminábamos hacia la estación de bus, un hombre se paró a hablar con nosotros y tras decirle que era español, insistió en que subiéramos a su casa a conocer a su familia y tomar el té, pues resultaba que tenía un hijo trabajando en Madrid. Pasamos varias horas hablando con sus hijas, ambas ingenieras de telecomunicación con muy buen inglés, hasta el punto que comimos juntos. Nos mostraron un canal de televisión emitido en farsi desde Londres, esquivando la censura por satélite. Producido por iranís para iranís que viven en Reino Unido tiene sin embargo, mucha más audiencia dentro de la republica islámica, por tocar temas totalmente contrarios a los que el gobierno impulsa, como por ejemplo la homosexualidad.

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Llegó el momento de despedirse de Isfahán y de sus gentes. ¿Es la ciudad más bonita del mundo? Quizá no, pero es una ciudad que recordaré siempre.

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