Shiraz

OLYMPUS DIGITAL CAMERATras nuestra visita a Persepolis, emprendimos nuestro camino de regreso a Shiraz. Al llegar a la ciudad emprendimos la tarea de buscar alojamiento. Por un lado, no teníamos acceso a internet para mirar en Hostelworld, Booking.com o Couchsurfing y por otro, todos los sitios recomendados en nuestra guía de viaje estaban llenos. Así pues, a la antigua, caminamos por varias calles durante más de una hora preguntando en varios sitios hasta que por fin acabamos en Lotfali Khan. Un hotel sin encanto pero bien situado y con un recepcionista la mar de majo que nos hizo un buen descuento por la habitación y más tarde nos ayudaría con los billetes de autobús.

Al atardecer estábamos tan destrozados de patear ruinas y buscar un hotel (cargando con las mochilas) que solo nos quedaban energías para salir a cenar. Elegimos Parhami Traditional House, un restaurante tradicional iraní (como su nombre indica) con un hermoso patio interior. Ania pidió Dizzi, el archiconocido guiso persa de judías, patatas y cordero al que hay que añadir migajas de pan y machacarlo todo junto antes de llevárselo a la boca. Yo en cambio, me decanté por Kalam Polow Shirazi: la especialidad local consistente en arroz, col y mini-albondigas, también de cordero, acompañado de una ensalada de tomate y pepino. Sin embargo, lo mejor de la cena fue un delicioso yogurt para beber con menta llamado Dugh al que nos aficionamos por el resto del viaje; aunque nunca nos sabría tan bueno como en este restaurante.

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A la mañana siguiente fuimos a visitar la famosa mezquita Nasir-al-Molk. Llamada comúnmente La Mezquita Rosa por el color de sus azulejos, constituye el edificio más fotografiado de Shiraz, especialmente la sala de rezo de invierno donde los colores proyectados por la luz de la mañana a través de las cristaleras cubren y se combinan con las elaboradas alfombras persas sobre el suelo. No tuvimos nosotros la suerte de contemplarla en todo su explendor puesto que hacía nublado y así todo, nos quedamos en su interior un buen rato admirando su belleza.

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OLYMPUS DIGITAL CAMERAEn los lugares de culto de mayor atracción turística como éste, es corriente encontrar clérigos Ruhaní a disposición de los turistas para aclarar cualquier duda que puedan tener sobre el monumento, las ritos o simplemente para charlar un rato. Se trata de un intento de ofrecer al extranjero una imagen más abierta y amable del país, maltratado (merecidamente o no) por los medios occidentales.

El Ruhaní de Nasir-al-Molk se hallaba sentado bajo el arco de la entrada, ignorado completamente por los grupos de turistas que entraban acompañados por un guía. Nos acercamos a él y conversamos sobre la mezquita, las diferencias (mínimas) entre chiitas y sunníes y Shiraz. Él se mostró más interesado en hablar de la liga, más concretamente del Real Madrid, pero como yo no soy futbolero, no profundizamos mucho en esa línea.

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OLYMPUS DIGITAL CAMERAOLYMPUS DIGITAL CAMERAShiraz es una ciudad muy cultural y sus ciudadanos están orgullosos de ello. No tuvimos tiempo de visitar museos; pero caminando por sus calles pudimos apreciar el ambiente de modernidad y libertad que la caracterizan. Las mujeres llevan el hijab a la altura de la nuca, desafiando lo permitido por las autoridades y visten a la moda europea con pantalones vaqueros y coloridos vestidos; en las florecientes cafeterías hipsters se discute la nueva película de Asghar Farhadi con la sombra de la censura amenazando; y la juventud pulsa “me gusta” en Facebook, Instagram y otras plataformas a cómicos memes del Iman Jamenei, por supuesto utilizando servidores extranjeros (hecha la ley, hecha la trampa). No se trata de algo nuevo. Shiraz fue lugar de paso de la ruta de la seda por más de mil años y ya se sabe que por donde fluye el dinero, también lo hacen las ideas.

Otra gran cualidad de los shirazis es su hospitalidad; aunque en esto no son los únicos en Irán. Hubo varias personas que nos invitaron a sus casas a través de Couchsurfing. Desgraciadamente, solo pudimos aceptar la invitación de Marzieh y Jedi, ya que éste era nuestro segundo y último día en Shiraz.

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Es de cortesía llevar consigo unos dulces si se es invitado a comer, así que entramos en una tienda a comprar unos dátiles cuando una señora entabló conversación con nosotros. Interesada por saber más, se ofreció a llevarnos en su coche hasta la casa de nuestros anfitriones. Por el trayecto, que duró más de media hora, nos contó que era abogada y había vivido en Canada por bastantes años; pero había regresado a su país natal como consecuencia del trabajo de su marido. Su hija es médico en Nueva York y sus dos hijos estudian ingeniería en Toronto. También nos informó sobre el sistema educativo iraní: efectivo pero exigente, y del problema que sufren los jóvenes que terminan la carrera en la universidad solo para verse en el paro o ejerciendo trabajos mal pagados, precarios y para los que se requiere un nivel de estudios muy inferior al que poseen ¿Os suena esto de algo?

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Al llegar a nuestro destino nos despedimos de la amable señora para encontrarnos con Marzieh y Jedi que nos recibieron en su casa al estilo iraní: con mucha comida. Nos atiborramos del arroz con pollo que Jedi había cocinado y charlamos principalmente sobre viajes. Tantos sitios nos quedan por conocer! Esta pareja y los iraníes en general tienen la vista y los sueños puestos en Europa. Francia, Inglaterra, Italia… Estos son los países que ansían visitar. Por desgracia para ellos, la Union Europea está blindada y se les exige bastantes requisitos para entrar, el más importante: tener pasta. Deben demostrar recibir un salario bastante alto, tener dinero ahorrado (al menos 20,000 € si no recuerdo mal) y tener una propiedad a su nombre en Irán. En definitiva, la vieja Europa no deja ser visitada por pobretones que puedan entrar y quedarse.

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En seguida tuvimos que marcharnos para ver el sagrado mausoleo de Shah Chéragh. Al llegar nos pararon en la entrada. Los extranjeros han de entrar acompañados de un guía del mausoleo, así que tuvimos que esperar unos 5 minutos hasta que apareció una chica bajita y simpática, luciendo una banda verde acreditadora para mostrarnos el monumento. Éste es un sitio estricto. Nos obligaron a dejar la cámara fuera y a Ania la cubrieron con un pañuelo, pues se ve que el hijab no era suficiente. Dentro había un enorme patio con fuentes que estaban sin agua en ese momento a consecuencia de la sequía. El mausoleo funerario y la mezquita los vimos por fuera ya que las mujeres no pueden entrar y yo preferí quedarme con ellas. Pero…¿Quién está enterrado aquí? Por la magnitud del complejo bien podría tratarse de cualquiera de los 12 imanes sagrados del chiismo. Pues no. Aquí descansan los cuerpos de dos hijos del Iman Musa al-Kadhim que son a la vez hermanos del Iman Ali ar-Ridha. Sin intención de ofender a nadie, nos pareció mucha parafernalia para unos “hermanos-de” o “hijos-de”. Sin embargo, es uno de los lugares más sagrados de toda Persia y atrae a millones de fieles cada año. Para entender mejor el sentimiento de los chiitas por este templo, he aquí las palabras de nuestra guía:

Vengo cada vez que puedo a meditar. Especialmente cuando tengo estrés por los exámenes o cuando mi familia pasa por algún momento difícil. Cuando estoy aquí me siento más cerca de Dios.

 

 

El sol se ponía sobre el horizonte y nosotros teníamos que subirnos a un autobús nocturno con destino Kerman. En mi próxima entrada escribiré sobre el tiempo que pasamos en el desierto más caluroso del planeta, el Desierto de Lut.

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