Persepolis

OLYMPUS DIGITAL CAMERANos despertamos en nuestra cabina del tren al amanecer, poco antes de llegar a Shiraz. Al bajar del tren notamos el frescor de la mañana y atisbamos la estación a través de la niebla. Intentamos en vano contactar con el guía que nos iba a recoger. No sabíamos si aparecería o no, ya que no pudimos confirmar nuestro tour antes. Se ve que en IranCell no activaron la tarjeta SIM que nos vendieron así que estábamos incomunicados. Por suerte, al cabo de media hora, se nos acercó un hombre bigotudo que resultó ser nuestro contacto. Nos subimos a su coche y finalmente llegamos a la capital del antiguo imperio persa: Persepolis.

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El Aquemida fue el imperio persa más antiguo y más grande de la historia (550-323 a.C.) Se extendía desde el Helesponto hasta el norte de la India, abarcando además Egipto y adentrándose en Asia central hasta los confines de la actual Kazajistán. Su fundador fue Ciro el Grande que ascendió al trono de Persia en 559 a.C. cuando se trataba tan solo de un pequeño reino al sur de los Zagros. A los pocos años de su reinado conquistó Media, un estado mucho más grande y poderoso, abarcando prácticamente toda la meseta Persa. Utilizando los recursos medos, Ciro se lanzó a la conquista de Lidia (Turquía) y el Imperio Neo-Babilónico (Irak y Levante) dónde consiguió victorias tanto militares como diplomáticas llegando a anexionarse la totalidad de estos territorios.

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A la muerte de Ciro le sucedió Cambyses que conquisto Egipto pero murió al  poco tiempo. Luego ascendió al trono Dario que continuó expandiendo el imperio al este y al oeste y fundó Persepolis, donde nos hallábamos en ese momento. Al cruzar la Puerta de las Naciones viajamos en el tiempo y el espacio a una sala donde embajadores llegados de todos los confines del imperio acudían a rendir tributo al Rey de Reyes. Armenios, Egipcios, Babilonios, Afganos… Todos los pueblos integrantes se hallan representados en relieves del mural de la sala principal donde los invitados eran recibidos. Precisamente la clave del éxito del Imperio Aquemida fue la diplomacia. No hubo imposiciones culturales ni religiosas en los territorios conquistados e incluso, se liberaron pueblos que estaban completamente sometidos o esclavizados previamente (por Babilonia principalmente), siendo los judíos el ejemplo más destacado.

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El Antiguo Imperio Persa floreció durante cientos de años pero todo tiene su fin. El ocaso de éste fue la invasión de Alejandro Magno. Cuando sus tropas conquistaron Persepolis, ordenó su incendio, dejando en pie poco más que las ruinas que están a la vista actualmente.

Es curioso como la conquista de Alejandro Magno del Imperio Aquemida ha quedado grabado en la conciencia colectiva occidental como la lucha de lo justo contra lo perverso, las modernas ideas griegas contra el autoritarismo persa, la libertad contra la opresión y, en definitiva, lo bueno contra lo malo. Basta con ver el éxito en taquilla de la película 300 o con que se le pregunte a los ciudadanos su opinion sobre la Grecia clásica y que luego la comparen con Persia. Al fin y al cabo venimos de los romanos que pronto pusieron la cultura Griega y la figura de Alejandro Magno en un pedestal.

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En realidad el Imperio Aquemida desarrollo una civilización hereditaria de la Babilónica donde las ideas fluían libremente y donde los derechos, libertades y diversidad de culturas eran más avanzados que en los estados griegos (y mucho más que en la patria de Alejandro: Macedonia). La conquista de Persia fue, desde un punto de vista regional, una invasión bárbara que triunfó gracias al genio militar de Alejandro y al efectivo ejercito que heredó de su padre Filipo II.

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Dejo ahí esta reflexión porque no quiero irme por las ramas. Continuamos con nuestra visita a Persepolis caminando alrededor del Palacio de Jerjes I y la Sala de las Cien Columnas. Luego subimos la ladera para ver de cerca las tumbas escavadas en la montaña de Artajerjes I, Artajerjes II y Dario III.

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Al terminar, nos acercamos hasta la necrópolis de Nasq-e Rustam, situada a unos 12 kilómetros de Persepolis. Aquí se hallan las tumbas de Dario I, Jerjes I y Dario II; todas ellas inaccesibles debido al estar escavadas en la roca vertical a una altura considerable. Tallado en la misma roca pero de época muy posterior se puede observar el relieve que conmemora el triunfo de Saphur I sobre los emperadores romanos Valeriano y Filipo el Árabe. A pesar de los repetidos intentos, todas las campañas romanas contra el Imperio Sasánida acabaron en desastre.

Por último hayamos algo que me llamó poderosamente la atención: Ka´ba-ye Zurtosht (la Torre de Zoroaster). No obstante, hablaré de ello en una futura publicación sobre el mazdeísmo en Iran.

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