Amanece en el Lago Inle

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Thura se levantó otro día a las 4 de la mañana. Desayunó el bol de arroz que había guardado de la cena de ayer y comenzó a cargar su pequeña embarcación con la misma red que heredó de su padre varios años atrás. Cuando estuvo listo, remó hacia el interior del lago que es donde abundan más peces. A medio recorrido, se encontró con uno de sus antiguos amigos, Wunna, en su respetivo bote. No se saludaron. De hecho, tan pronto como sus ojos se encontraron, ambos desviaron la mirada.

Thura no sabía interpretar lo que sentía hacia el que hace tiempo fue su compañero de pesca. Quizá sea envidia, pensó. Pero no. ¿Odio? Tampoco. Hacia unos dos años que ambos dejaron de hablar, cuando Wunna apareció en el lago sin su red, portando en cambio el cesto de pescar de su padre y vistiendo con su ropa tradicional y el sombrero de bambú.

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Thura entendió rápidamente el significado de aquello. Su amigo abandonó su estilo de vida aquel mismo día para convertirse en una atracción turística viviente. De ahora en adelante se dedicaría a posar en acrobáticas posturas para los turistas que, a cambio de unos kyats, podrían llevarse unas fotos de él de recuerdo. ¿Por qué él no hacía lo mismo? Su mujer le hacía esta pregunta a menudo. Llevaría una vida más cómoda y ganaría más dinero; pero Thura siempre negaba con la cabeza, silencioso. Él solo sabía hacer una cosa: pescar. Actuando se sentiría como pez fuera del agua. Además había otra cosa que se lo impedía ¿sería orgullo o cabezonería?

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Absorto en sus pensamientos mientras recogía su red, una pareja de extranjeros se le acercó. ¿Querrán que pose? ¿O es que vienen a ver a alguien pescar de verdad? Sonrieron, tomaron unas fotos y se fueron.

Así acabó el pescador en este blog, apodado Thura por el extranjero de ojos redondos. La verdad es que sí, Ania y yo pasamos de largo de aquellos pescadores falsos que solo se dedicaban a posar y pedimos a nuestro balsero que nos llevase a donde estaban los auténticos, quizá no tan fotogénicos, pero reales.

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Desde que la guía Lonely Planet sobre Myanmar utilizó para su portada la imagen de uno de estos pescadores, el lago Inle se ha convertido en uno de los principales destinos turísticos del país. Por eso no es de extrañar que varios lugareños hayan cambiado de profesión y se dediquen a posar para los visitantes.

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Aquella mañana visitamos también uno de los pueblos flotantes cuyos lugareños se tienen que desplazar en canoa para casi todos sus quehaceres diarios: ir a la huerta, la tienda, el templo o el bar. Todo ello, flotante. Por las puertas entreabiertas de sus casas, pudimos ojear todo tipo de cosas que podríamos esperar de los hogares modernos en tierra firme: cocina, frigorífico, televisión y demás. Por lo que puedo intuir que su estilo de vida no varía mucho del de sus compatriotas.

Al regresar al hostel, descansamos y decidimos alquilar unas bicicletas para visitar los alrededores del lago. Lo que iba a ser un paseo tranquilo se convirtió en una aventura memorable digna de un post dedicado que escribiré tan pronto como me entren las ganas de hacerlo.

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