Rangún


Tras alcanzar Buda la iluminación se dice que regaló ocho de sus cabellos a dos hermanos mercaderes para que los hicieran llegar a Myanmar. Cuando los Mercaderes llegaron a la actual Rangún, presentaron la reliquia al rey Okkalapa para que la guardase. Éste mandó guardar los cabellos en un templo de oro, encerrado en un templo de plata, a su vez encerrado en un templo de estaño, dentro de un templo de plomo, otro de marmol y finalmente uno de ladrillo y hierro. Según la leyenda, la estupa de Shwedagon, el centro espiritual de Rangún (y probablemente de Myanmar), tiene 2500 años de antigüedad. Los arqueólogos sin embargo piensan que fue construida en el siglo VI que fue cuando los mon fundaron la ciudad con el nombre de Dagon.


La estupa dorada se haya en lo alto de una colina, rodeada por numerosos templos igual de impresionantes, formando un complejo espiritual enorme. Cuando llegamos a Rangún, subestimamos las distancias y decidimos ir andando hasta Shwedagon. Al llegar, eran casi las 7 y la noche había caído sobre el templo haciéndonos perder la hora dorada de la fotografía. A pesar de ser la hora de cenar, los templos buyían de fieles rezando, derramando agua sobre estatuas, encendiendo velas y donando billetes y billetes en las cajas de donación que se encontraban cada pocos metros. ¿Qué pensaría Buda de la religión que se ha montado en torno a su persona? Enormes estatuas y stupas de metales preciosos dedicadas a un filosofo que descubrió entre otras cosas que la felicidad no la dan los bienes materiales.


Visto el principal templo de Rangún, ya nos podíamos dedicar a experimentar la vida de la ciudad. Al salir de Shwedagon fuimos a disfrutar de un masaje anti jet lag a Yaw Min Gyi Health Blessing. Muy recomendable. Tuve a una birmana clavándome el codo detrás del homoplato y caminando por mi espalda durante una hora. Salimos como nuevos y fuimos a cenar unos fideos al casco antiguo y a tomar unas cervezas en un bareto. La vida nocturna aquí no se puede comparar a la de Tailandia o Vietnam todavía, pero tiene su encanto. Son bares pequeños y tranquilos donde los birmanos toman cerveza acompañada de un platito de frutos secos y donde siempre están felices de recibir extranjeros e intercambiar un par de palabras con ellos en un inglés tosco. Aquí probé judias pintas tostadas por primera vez y estaban muy buenas.


El tiempo que pasamos en Rangún lo dedicamos principalmente a callejear. Las fachadas de los coloridos edificios coloniales, muchos de ellos medio en ruinas, tienen un encanto especial que contrasta con la modernidad del último centro comercial construido en frente del mercado. Al igual que en Hanoi, los comerciantes sacan sus productos a la calle, haciendo impracticable el uso de la acera para caminar. Esto no supone un problema ya que el tráfico de coches en la mayoría de estas calles pequeñas es ocasional.



Nos llamó bastante la atención la fusion de culturas india y china principalmente, aunque también pudimos ver una iglesia colonial y un par de mezquitas y zonas musulmanes. En lo referente a la comida, lo más popular para comer son los currys, que no se distinguen mucho de los que probé en Sri Lanka y me imagino que tampoco de los que hay en la India. Para cenar sin embargo hay muchos tipos de fideos y sopas que son de claramente chinos (y de hecho así los llaman frecuentemente). En los puestos de comida callejera puedes encontrar todo esto y mucho más: pinchos de intestinos de cerdo, pescado a la brasa, marisco e incluso saltamontes fritos por si a alguno le apetece probar. Nosotros principalmente nos ceñimos al curry y fideos, que por cierto están deliciosos y no tuvimos ningún problema gástrico.

Fideos chinos
Won Ton frito
Pinchitos de intestinos
¿A alguien le apetecen unos grillos fritos?
El zumo de aguacate es típico del mercado

La inmensa mayoría de los birmanos viste el tradicional longhi (falda), tanto hombres como mujeres. Ellos lo sujetan con un nudo por delante mientras que ellas lo llevan metido por un costado. No cometáis el error de ataroslo incorrectamente o provocareis sonoras carcajadas, como cuando Ania se paseo con el suyo atado al estilo masculino por una calle del barrio indio. El mercado principal es uno de esos sitios donde uno se puede volver loco a comprar longhis  baratos de diferentes estilos y colores. Nosotros acabamos pillando tantos como nos dió nuestro pequeño equipaje de mano. También venden joyas de todo tipo, aunque curiosamente, al igual que observé en Sri Lanka, solo se ve a chinos comprando sortijas.

Es muy común, especialmente en mujeres, la práctica de llevar el rostro embadurnado de Thanaka para protegerse del sol e hidratar la piel. Esta pasta se obtiene moliendo la corteza del árbol Thanaka con un poco de agua. La mayoría de albergues y hoteles, lo tienen así que es una buena idea usarlo, sobre todo sí pierdes la crema solar como nos pasó a nosotros.




Arreglando el longhi de Ania con la maquina de coser a pedales

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