Arugam Bay

A pesar de ser uno de los destinos más populares de la Sri Lanka, no es fácil llegar hasta Arugam Bay. La mayoría de la gente que viene desde Colombo lo hace en transporte privado directo, normalmente pagando un precio de primo al conductor. Unos estudiantes austriacos pagaron casi 100$ cada uno, pero tampoco les importó demasiado. Venían a Sri Lanka para estar exclusivamente en Arugam Bay surfeando por el día y festejando por la noche. Yo era la excepción. Uno de los pocos viajeros cuya estancia en esta playa es solo parte de un viaje más largo por la isla. Así que llegue desde Kandy en transporte privado que compartí con unos holandeses pagando unos 10$ y me alojé en el Little Lagoon Hostel.


Al llegar al hostel observé a unos surfistas haciendo yoga en el jardín, mientras unos hipsters charlaban plácidamente sobre sus chakras. No parecía que pudiera unirme a ninguno de los dos grupos así que caminé hasta el centro de surf más cercano y alquilé una tabla por poco más de 2.5$. En la playa, luché contra olas bastante grandes pero de corto recorrido, no las mejores para un principiante como yo, que a duras penas conseguí ponerme de pie un par de veces; pero al menos quité el sincio que tenía por surfear. Lo raro era que estaba solo. ¿Dónde estaban todos esos surfistas que había visto en la calle de camino al hostel? 

Al atardecer, cogí la cámara y caminé por la playa hasta que los encontré. Resulta que la zona de surfear estaba a unos 2 km de donde me alojaba. Misterio resuelto! Al menos ya conocía la playa. Hay una lugar para principiantes al que los surfistas llaman despectivamente ¨baby point¨donde las olas no son muy grandes y otro, donde están los pros, llamado ¨main point¨.


La mañana siguiente la pasé disfrutando de la playa y al atardecer me uní a unos holandeses para hacer un safari por el Parque Nacional de Kumana. Allí pudimos ver varias aves del paraíso, un río infestado de cocodrilos, monos de Hanuman peleándose entre sí, ciervos paciendo tranquilamente y un museo que contenía huesos de varios animales. Además, pudimos ver elefantes ya cuando regresábamos, al anochecer. Cerca, en la cima de una pequeña montaña, se halla el Santuario de Kudumbigala que también pudimos visitar aunque con la mala suerte de que nos llovió en plena cima así que el descenso fue un tanto precipitado.


Al día siguiente cambié de hostel ya que estaba todo reservado en el mío. Allí coincidí una vez más con Paddy, el chef americano con el que coincidí en Nuwara Eliya y en Ella, al que le habían asignado la litera justo debajo de la mía. Ya es casualidad! El destino quería que nos juntásemos una vez más para explorar el ambiente nocturno de Arugam Bay. Pero antes, fui a hacer surf una última vez a la playa, al ¨baby point¨ por supuesto.

Al anochecer, Paddy y yo nos dirigimos a un lugar cuyo nombre no recuerdo justo al comienzo de la ¨happy hour¨, lo que nos permitió tomarnos unos cuantos cuba libres, flojillos, nada que ver con los que sirven en España. El ambiente allí era de película. Nos sentamos en la barra del bar, en un amplio jardín lleno de mobiliario hecho de bambú (sillas, mesas, sofás, chiringuitos…) e iluminado con antorchas. Un músico tocaba rock and roll y música country con su guitarra mientras la gente en bañador y camisas hawaianas bebían cocktails y se divertían jugando a las cartas o simplemente charlando.


En cuanto acabó la Happy Hour nos marchamos. A partir de aquí la noche fue a menos y acabamos en una especie de tasca, porque era el único sitio donde vendían cerveza medianamente barata, comprando unas Lion Lagers para beberlas en la entrada de nuestro hostel en compañía de otros borrachos; que eran básicamente todos los que se quedaban en nuestro hostel, a excepción de un grupo de japoneses que habían reservado una habitación privada. En un momento, un inglés se subió encima de la mesa para hacer alguna tontería, sin darse cuenta de que había un ventilados justo encima. Acabo pegándose un buen tajo en la mano pero iba tan mal que ni lo notó y luego no quiso ponerse ninguna venda ni nada. Finalmente, decidieron todos ir a la playa a bañarse y fue cuando encontré el momento perfecto de escabullirme e irme a dormir. Borrachos y bañándose de noche en una playa famosa por sus olas, todavía a día de hoy me sorprendo como ninguno se ahogó. 

Arugam Bay fue, en definitiva, un lugar memorable de mi viaje, pero ya iba siendo hora de visitar otras costas. A la mañana siguiente puse rumbo al norte, hacia Trincomalee.

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