Jaffna 

Jaffna Hospital Road

Los británicos establecieron Sri Lanka como su colonia en el 1802, después de haberles sido cedida por los holandeses a cambio de protección frente Francia. Cuando las guerras napoleonicas terminaron, empezarón a pensar en como sacar provecho a esta isla y decidieron cambiar el café y el caucho por el té. Pronto se dieron cuenta de que iban a necesitar mano de obra barata para sus plantaciones e industria derivada de ésta y se dieron cuenta de que los tamiles eran más trabajadores que los cingaleses y estaban dispuestos a deslomarse de sol a sol por un miserable salario. Esto hizo que muchos tamiles del norte se mudasen a las plantaciones del sur y según pasaron los años y los puestos de trabajo se fueron diversificando, los ingleses favorecieron más a los tamiles para alcanzar puestos de trabajo y también para acceder a las universidades. 

Al conseguir la independencia y con la llegada de la democracia, el poder pasó a manos de los cingaleses ya que con el 80% de la población perteneciente a dicha etnia, el resultado de las elecciones garantizaba políticos cingaleses. En reacción con el previo favoritismo británico por los tamiles, estos políticos decidieron hacer lo contrario; favorecer a los singaleses. Y si para ello tenían que hacer una política discriminatoria frente a la minoría tamil y musulmana desde luego no les tembló el pulso. Declararon el cingales como único idioma oficial de Sri Lanka y con ello cortaron el acceso a universidades y puestos de trabajo gubernamentales a miles de tamiles. Además favorecieron el budismo frente al hinduismo, ya que esta es la practicada por los cingaleses. 

Era la década de los setenta y los tamiles no se iban a quedar mirando como el gobierno les quitaba sus puestos de trabajo y despreciaba su cultura. Las manifestaciones en contra y a favor del gobierno fueron frecuentes en el país y un grupo activista surgió con fuerza en Jaffna: Los Tigres de Liberación del Elam Tamil. 

Agujeros de bala en uno de los edificios cercanos a la biblioteca

En 1981 un grupo de cingaleses, entre los que se dice había miembros del ejercito, quemaron la biblioteca de Jaffna, símbolo de la cultura tamil. Hubo varios enfrentamientos en consecuencia pero todo quedó sin demasiada importancia hasta que en 1983 los tigres tamiles emboscaron y dieron muerte a 13 soldados en Jaffna. La represalia en Colombo fue lo que se conoce como Julio Negro: una revuelta en la que mataron a unos 3000 tamiles. El ejército y la policia no hicieron nada por detenerla y es más, en algunos casos contribuyeron a echar más leña al fuego. Tras esta masacre, a los tamiles no les quedó muchas opciones; muchos emigraron y otros muchos se unieron a los tigres tamiles en su lucha por conseguir un estado independiente Tamil en el norte y este de la isla.

25 años de guerra sucedieron en el que ambos bandos se llenaron las manos de sangre hasta el 2009 cuando el gobierno acabó matando a los últimos líderes tamiles en la batalla final. Un dato: Sri Lanka es el segundo país con mayor numero de desaparecidos después de Irak desde 1980 y la mayoría de estos ocurrieron a manos del gobierno. No es de extrañar que rechacen constantemente investigaciones sobre crímenes de guerra y que todavía a día de hoy no halla libertad de prensa.

De todo esto hablaba yo en el tren destino a Jaffna con un hombre que vivió la guerra expatriado en Londres y hacía ya un par de años que había decidido volver a Jaffna para pasar su jubilación. ¿Que esperaba yo encontrar en Jaffna? No había leído casi nada sobre la ciudad así que no tenía expectativas claras sobre el lugar.


Lo primero que hice al bajarme del tren fue caminar por Hospital Road, que se ha convertido en la calle principal de Jaffna y en donde se hallan los principales comercios. Luego giré por una calle al pasar el bazar y terminé comiendo en un sitio con mucho carácter: el Malayan Cafe. Se lo recomiendo a todo el mundo que visite Jaffna y quiera probar buena cocina del sur de la India, rodeado de lugareños y a un precio de risa. Yo me zampé un Kottu y dos cocacolas por un total de 180 rupias (1€).

Kottu vegetal

Luego vino a recogerme Jonathan, el dueño del hostel que era básicamente su casa. Un tipo muy majo pero tenía toda la casa llena de mensajes de Dios, crucifijos y ambientada con rock cristiano. Una rareza, en un sitio rodeado de templos hindúes. Él me descubrió los dulces locales, que tienen un aspecto muy sospechoso pero que están deliciosos. Los hacen con pastas de legumbres, frutas, especias y miel. 

Nallur Kandaswamy Kovil

Esa misma tarde fui a visitar la biblioteca de Jaffna, que fue lo primero que se reconstruyó al acabar la guerra y el impresionante Nallur Kandaswamy Kovil, el templo hindú más importante de toda Sri Lanka. Aquí es donde tiene lugar el famoso festival donde los devotos se clavan garfios y se cuelgan de ellos para agradecer la supuesta ayuda recibida por algún dios. Al entrar en el templo te piden descalzarte y quitarte la camiseta, así que todos los hombres se pasean a pecho descubierto bajo la mirada de dioses con multiples brazos que aparecen representados bailando o matando demonios cuando no sentados tranquilamente observando el infinito.

Otro templo hindú más modesto

En Jaffna la gente se levanta con el amanecer, a las 5:30 y lo primero que hacen es ir al templo más cercano a hacer ofrendas. Al atardecer, vuelven para meditar o rezar antes de que éste cierre sus puertas. La vida aquí, como ven, gira en torno a Shiva, Ganesh y compañía; y consciente soy de que no sé nada sobre la religión hindú así que tomo nota para leer sobre ella en cuanto acabe los libros que ya tengo empezados.

Otros templos

Al día siguiente, visite unos cuantos templos más pero también me acerqué a la zona de la costa, donde pude ver el fuerte holandés y el mercado de pescado. En éste último, el olor era bastante intenso ya que exponen los pescados sin hielos ni nada para conservarlos frescos. También visité el mercado principal y luego me tomé un helado en Rio, donde los hacen ellos mismos y están buenísimos. 

Mercado de pescado

Por la tarde, al poco de llegar a la casa de Jonathan, apareció Martin, un chef originario de Manchester pero residente en Tenerife. Estaba sudando como un cerdo y tenía la cara toda roja. De camino al hostel había sido atacado por una jauría de perros salvajes. Logró mantenerlos a raya con su bastón de caminar hasta que un motorista pasó por allí y le salvó al llevarle en su moto hasta el hostel. Jaffna (y toda Sri Lanka) está llena de perros callejeros y si bien en el 99% de los casos son pacíficos, hay que andarse con cuidado. Conviene invertir en un silbato repelente de canes, si es que de verdad funcionan…

Mercado de frutas y verduras
Hombres con el sarong (falda) tradicional

Tras ese incidente, Martin, Jonathan y yo pasamos el resto de la tarde comiendo dulces y bebiendo Lion lager hasta que nos fuimos a dormir. En conclusión, Jaffna es una ciudad en la que el turismo aún está en vías de desarrollo pero eso también le da un toque diferente al resto de Sri Lanka. Hay poco que ver y hacer aparte de visitar templos, pero porqué no dedicar un par de días a formar parte del día a día de la gente que por cierto está encantada de recibir turistas. Todos recuerdan los terrores de la guerra y tampoco están muy a gusto hoy día debido a la fortísima presencia militar en las calles. No obstante, miran ilusionados hacia un futuro mejor. Podría haberme quedado más tiempo y explorar las islas de los alrededores pero estaba impaciente por ver Kandy así que al día siguiente temprano fui a coger un bus hacia el sur, pero esa es otra historia.

Arroz con curry

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